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Sahumerios y arrebatos

El País en la economía sumergida.

Publica hoy El País dos artículos sobre la economía sumergida en España explicando el significativo incremento del número de personas inmersas en ella. Me parecen ambos muy atinados, claros y exponentes de una realidad brutal de este país con la que convivimos desde hace muchos años. Tan solo quería matizar un dato a los señores de El País, cuando dicen que la economía sumergida afecta más fácilmente a actividades vinculadas a la construcción, la hostelería y el servicio doméstico están atinados, pero igual desconocen que ellos también son un sector propicio para la economía sumergida, o dicho de otro modo, durante años El País y el resto de periódicos nacionales han prohijado el trabajo sumergido en su propia actividad y por sus propias empresas.

Este hecho lo sé de primera mano, pues estuve trabajando, durante tres años, para El País en una subcontrata de al menos tercer nivel, para trasportar por las noches sus ejemplares desde las rotativas a los centros de distribución. A día de hoy desconozco la situación en que se encuentra el transporte de prensa, pero sí puedo afirmar que cuando yo trabajaba de piloto nocturno de furgonetas llevando periódicos de allá para acá lo hacía a tanto la noche, sin nómina, sin contrato, sin Seguridad Social y totalmente sumergido.

Mi trabajo sumergido para El País dejé de hacerlo hace unos poquitos años, y el modus operandi era el habitual. El País contrataba a una empresa para que le hiciese el trabajo de transportar sus periódicos desde la rotativa en Madrid o Valencia y otras a los centros de distribución, donde se cargaban las furgonetas que van por los kioscos repartiendo. Esa primera fase, la empresa contratada por El País la subcontrataba por toda España a pequeñas empresas con furgonetas propias, alquiladas o de autónomos, y era esta tercera empresa la que me daba trabajo a mi cada noche, y cada noche me sumergía en la noche de la economía sumergida, iba a la rotativa, cargaba la furgoneta con los paquetes de periódicos que me asignaban, y los llevaba a su lugar de distribución en Alicante, Murcia y Cartagena.

Son muchas las anécdotas y vivencias que tuve durante esos tres años sumergido, pero solo contaré una muy llamativa. Cada vez que salíamos de la rotativa cargados, nos daban un paquetito con unos diez ejemplares al que llamaban “paquete de servicio”, lo debíamos llevar en la cabina de la furgoneta. El tal paquete de servicio era una especie de salvoconducto para circular sin contratiempos por las carreteras cada noche y si nos paraba la Guardia Civil o la municipal sacábamos por la ventanilla dos o tres periódicos,  se los dábamos, y en la práctica, la parada era tan solo para que los guardias recogiesen la prensa del día calentita y nosotros seguíamos camino para cumplir el horario de entrega.

Con los periódicos sobrantes del paquete de servicio, ya cada cual hacía con ellos lo que quería, los había que iban a un amigo kiosquero y se los vendía a mitad de precio, otros como yo, los guardaba y hacía con ellos, después de mojarlos, prensarlos y secarlos, una especie de tacos que me servían de combustible para la estufa durante el invierno e incluso puede que alguno se leyese los diez ejemplares, vaya usted a saber.

En conclusión, ahora puedo decir que durante tres años estuve trabajando sumergido para El País y calentándome gracias al dios laico Polanco, o sea que fui de la casa, pero de las alcantarillas de la casa Prisa.

Documentación.

El País. La crisis desplaza a la economía sumergida a 800.000 inmigrantes.

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