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Sahumerios y arrebatos

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Historia del alzamiento.
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Era una tarde de agosto
las chicharras emigraban
en vuelos de bajo costo
del calor que soportaban.

La moza de muy buen ver
salió directa a la playa
pensando en volver a hacer
lo que tanto tiempo ensaya.

Busca un pedazo de arena
despejado de sombrillas,
lo necesita la nena
para lucir sus cosillas.

Y crean vuesas mercedes
que las cosas que ella enseña
son sus armas y sus redes,
buen cañón, mejor cureña.

Desnuda es una delicia
y lo sabe la criatura
una pizca de malicia
es toda su vestidura.

Tumbada sobre la arena
observa sus derredores
la tarde va a ser amena,
hay por ahí muchos señores.

El disparo de salida
del fenómeno que busca
lo da la nena enseguida
y de una forma muy chusca.

Consiste en un par de giros
de ese cuerpo serrano,
provocando esos dos tiros
un "¡Mira, mira!" lejano.

Tras ese vistoso ¡Aquí estoy!
se tumba a esperar la niña
para observar si por fin hoy
algún pardillo la diña.

Pues justito frente a ella
reposa una bicicleta
el que la mire se estrella,
será pues esa su escopeta.

Se tumba, tetas al sol,
el primer mirón la repasa
batacazo, primer gol
mas no acaba aquí la guasa.

Pues cuatro o cinco listillos
van al agua de remojo
se disparan sus gatillos
al mirarla de reojo.

Se produce un alzamiento
que por mor de colectivo
hace aquello un gran momento
por lo erguido y llamativo.

Como es playa nudista
tantos mástiles al viento
quedan tan bien a la vista
que son todo un aspaviento.

Esas espadas en alto
que la buena moza ha alzado
producen un sobresalto
a los que así la han mirado.

Se escurren bajo las aguas
para esconder su altivez
mas no sirve de paraguas
de quien rie con avidez.

Por el lado de la maja
pasa ahora una pareja
el tipo mira esa alhaja
y recibe una colleja.

Su santa esposa le dice
con cara de mala leche
que alli no se inmovilice,
suelta otra y un ¡Que aproveche!

Durante toda la tarde
sigue a su lado el desfile
la cosa se pone que arde
y ella dando el matarile.

Cansada ya de reir
viste la moza un pareo
que aprovecha para lucir
casi todo un muslo, creo.

Esta preciosa mujer
se parece a un huertano
disfruta viendo crecer
lo que tiene mas a mano.

Se termina aquí este cuento
que me contó la muchacha,
dije "En lo del alzamiento
la verdad que eres un hacha"

(Orel, 8 de agosto de 2005)

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