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Sahumerios y arrebatos

Iberdrola y la falta de integridad.

Hasta no hace tanto, siempre que hablábamos peyorativamente de burocracia pensábamos en la de las distintas administraciones públicas, pero en estos tiempos modernos la burrocracia de las grandes compañías se ha ganado un puesto de honor el Olimpo burrocrático y no desmerece en nada a las clásicas de toda la vida del vuelva usted mañana y con póliza.

Esto que cuento es una minucia, divertida, kafkiana, esperpéntica y sumamente burrocrática. Ocurrió ayer en una oficina subcontratada de atención al cliente de Iberdrola. Estoy viviendo en un piso de alquiler, y acordé encargarme del alta de los servicios. Me instalé hacia el 25 de noviembre. Este piso tiene la instalación de gas ciudad, y dado que estaba deshabitado hasta mi llegada el servicio estaba dado de baja. Cuando fui a dar de alta la luz en Iberdrola me entero que la misma compañía se encargaba también del tema del gas ciudad, así que solicito el alta del mismo. A los tres días ya tengo luz, mas los días iban pasando y el gas no llegaba.

A la tercera semana sin gas voy a la oficina subcontratada de Iberdrola para ver qué pasaba con lo mío, me dicen que tardan pero que vendrán a ponerlo. Cada semana que pasaba volvía a inquirir porqué seguía sin gas y recibía la misma respuesta. Ayer volví de nuevo a la oficina, tras más de cuarenta días esperando el gas vuelvo a preguntar, la dama encargada de atenderme bucea en su ordenador, y tras largas indagaciones por los vericuetos informáticos de Iberdrola me dice que el alta está activa, luego me dice que está rechazada, pregunto el motivo, busca y rebusca y por fin me informa que es por “falta de integridad”. 

Yo iba preparado para poner una reclamación por la tardanza convencido de que era motivada por puro racismo, ya que pensé que igual se habían enterado que soy negro, pues un antepasado mío lo era, así que cuando me dicen que la razón es por falta de integridad quedé anonadado. Pregunté qué significaba eso y apareció Kafka respondiéndome que lo sentía pero no sabía qué significaba. Me fui a la oficina de Repsol Butano sin despotricar, sin alzar la voz ni poner el grito el cielo.

En Repsol pregunto cuánto me costaría contratar una bombona para ponerla en un hornillo de dos fuegos de esos planos, pues decidí mandar el cuerno a los íntegros de Iberdrola por cachondearse de mí. Estos de Repsol también recurrieron a Kafka, pues  un funcionario o similar me indicó con mucha seriedad que para darme esa información tenía que llevar fotocopia del DNI, marca y modelo del hornillo y documento acreditativo de que estaba viviendo en mi piso, algo como recibo de la luz, o agua.

Pregunto con cara de alucinado si hablaba en serio, me repite las condiciones, le digo que solo pido precio para saber si me interesa, insiste, pero cuando ya me iba a ir, y creo que dándose cuenta de lo kafkiano del asunto, me dice que más o menos 200 euros. En ese momento arrojé allí mismo la toalla y como último recurso le pregunté si había mercado negro de botellas de butano, la respuesta fue un rotundo no.

Creo que me mintió.

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