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Sahumerios y arrebatos

San Valentín, la crisis y el tabaco.

Anduve anoche por uno de esos eventos que se organizan con motivo de San Valentín y que se caracterizan, entre otras muchas cosas, por una feroz asimetría en la concurrencia, en este caso acudieron 43 damas y 19 tíos mal contados.  La crisis parece afectar también a estas cosas y para empezar, el precio era unos 6 euros menos que la anterior a la que asistí, hará unos 4 años, cierto que en aquella hizo acto de presencia el cordero y en esta fue el pollo a la brasa el que actuó de complemento básico gastronómico de la noche.

Siguiendo con los destellos de asimetría, destacar que la inmensa mayoría de las damas iban pintiparadas para el evento, con lujos, brillos, afeites, cosmética, complementos, vestuario y diseños capilares más que sobresalientes mientras que los hombres concurrentes poco menos que íbamos de diario.

Hice una mini encuesta entre algunas de las mujeres asistentes. En el supuesto caso de que San Valentín enviase a su adjunto y les preguntase “¿Cómo lo quieres?”, qué le dirían. Las respuestas me parecieron tan interesantes que paso a detallarlas.

La primera, con cara de tenérselo muy estudiado me dijo, “yo uno como ese que está allí.”, y por lo que pude colegir durante la noche, no esperó la dama a que el tal San Valentín le echase una mano y fue ella la que se puso manos a la obra llevándoselo al huerto con el viejo sistema de responder a todo lo que le contaba el interfecto con un insinuante “¡Ah, sí, pero qué interesante!”.

La segunda lo quería desorbitado, respuesta que me dejó casi orbitando en sus derredores. Otra más realista y al parecer convencida de que todo el pescado ya estaba vendido lo quería “como sea”. Otra lo pedía completo, hubo quien al punto. Una dama que lucía unos preciosos ojos ensoñadores me dijo que lo quería con manos suaves. La que pedía “lo perfecto para mí” estoy convencido de que sabía lo que quería.

Hubo quien lo quería especial, vuelta y vuelta, otra trabajador, pero no me quedó claro si deseaba que trabajase bien o la trabajase bien. Tras la que lo pedía con chispa apareció la dama que para mí tenía más claro de qué iba aquel juego y conocía la realidad del mercado, juro que su respuesta la llevaré grabada por los restos por lo que contiene de sabiduría práctica, me dijo “yo lo quiero con defecto”.  Todas las respuestas fueron geniales, pero ante esta me quité el sombrero.



Y poco más tengo que contar salvo que el dueño del local tenía habilitado un espacio cubierto y con estufas móviles de butano para los fumadores, los ceniceros eran de diseño y estuvieron muy solicitados, como puede verse en la foto. La vox pupuli ya llama a esos ceniceros gigantes que están en el exterior de muchos locales “pajines”, algo muy apropiado y que a buen seguro Pajín no tardará en prohibir.

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