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Sahumerios y arrebatos

Historias del último censo.

Leo compungido que ya no habrá más censos, entendidos como siempre se han entendido. Ya no se irá casa por casa registrando a todas las personas que en ellas viven, ahora y por ahorrar el censo de personas se elimina, van a tomar los datos del Padrón Municipal y el resto de datos que se recopilaba haciendo el censo se recogerán modo encuesta, entrevistando a un 10% de los ciudadanos.

Yo actualmente soy agente censal jubilado, dado que a pocos días de finalizar el censo del año 2001 en el que trabajé, caí enfermo y a raíz de ese proceso terminé aprobando las oposiciones para inválido absoluto y en mis papeles pone que soy agente censal jubilado por invalidez. No sé si habrá algún otro en España. Pues bien, al leer que ya no habrá más censos me han venido a la memoria algunas de las historias que viví haciendo de diablo cojuelo, pues tuve que entrar en muchos centenares de viviendas y presenciar muchas anécdotas dignas de ser contadas. Contaré una.
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En el pueblo de El Palmar, de Murcia, hay un barrio denominado Los Rosales. Esa zona se le asignó a una chica que tras ver el barrio salió de estampía abandonando el trabajo. Yo, sabiendo que esas cosas ocurrirían, había hablado con las jefas de grupo para ofrecerme a sustituir a quienes abandonasen porque ya tenía experiencia, pues había hecho el censo de 1971, de modo que al final hice mi zona censal y unas 7 más. Así conseguí que me asignaran el barrio de Los Rosales, lugar en el que habita una cantidad importante de ciudadanos de raza gitana.

Algunas de esas personas habían tenido encontronazos con la ley y estaban detenidas en la cárcel de Sangonera pero sus hijos habían quedado al cuidado de sus familiares, por ello cuando llegué a una casa en concreto donde vivía un matrimonio ya mayor vi correteando por allí 4 o 5 chavalines.

Aquellas personas me atendieron muy amablemente en cuanto les manifesté que estaba allí para el padronamiento y enseguida captaron la importancia del trámite para poder pedir ayudas y esas cosas. Una vez averiguados los datos de los titulares de la vivienda, el matrimonio algo mayor y un hijo, pregunté por los chavalines que por aquel salón correteaban. Señalé a uno y pregunté sus datos, de quien era hijo y donde vivían sus padres. Se produjo esta conversación entre la señora y su hijo, que tendría unos 25 años.

-. Pos mire usté, ese es mi nieto Pablo, y es hijo de mi Pepa y su marío, el Andrés, que ahora están en la cárcel de Sangonera.

-. Que no omá, que no sabe usté, que ese no es el Pablo, ese es el Antonio y es el hijo de mi hermano Luis y de su muhé la Lola – dijo el hijo de la señora-

-. ¿Que me vas a decir tu a mí que no conozco a mis nietos?, tú sí que no sabes na de na, que ese es el Pablo – remacha la agüela-

Así siguieron discutiendo madre e hijo sobre la identidad de su nieto y sobrino. En ese momento viene corriendo el tal Pablo, que a pesar de ser diciembre iba desnudo con solo una camisa de manga corta desabrochada, traía algo en la mano y se dirige a la anciana gritando

.- ¡Gueeelaaaa! que se la ha caío una papelina.

La abuela cogió la papelina, se la metió en el bolsillo del delantal y seguimos intentando censar a aquella tropilla de infantes.

Cosas curiosas de mi vida, mi primer trabajo reglado y con nómina fue hacer el censo del año 1971, treinta años después terminó mi vida laboral haciendo lo mismo que empecé haciendo, el censo. En los 30 años trascurridos entre ambos censos hice muchas cosas, pero acabé haciendo lo mismo que empecé haciendo.

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