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Sahumerios y arrebatos

El país de las peregrinas normalidades.

Felicitémonos porque ya somos normales en este país, hasta ayer debíamos ser, si no anormales, sí como poco prenormales, porque la normalidad reina por fin entre nosotros, peregrina normalidad, pero reina por fin. En el Senado ha comenzado oficialmente la temporada del pinganillo y todos los senadores más contentos que unas pascuas floridas han hablado de normalidad, y yo la verdad no veo la normalidad por ningún lado y miren que he mirado.

Pero no veo la normalidad porque considere un esperpento el numerito del pinganillo en tan alta sede parlamentaria, que no es eso, que si quieren pinganillos para ser felices la felicidad está por encima de todo. Si las lenguas cooficiales han de usarse en el Senado, que se usen, no seré yo quien critique tal cosa. Lo que considero inadmisible, incongruente, injusto y vejatorio es que si se permite utilizar en el Senado las lenguas cooficiales para que todas sus señorías con lengua cooficial puedan hablar en la lengua cooficial que les competa porque están en su derecho a usar la lengua cooficial porque es cooficial, sin embargo solo hayan puesto servicios de traducción plurilingüe unidireccional, solo se traduce del gallego, vasco, catalán etc. al castellano, pero no en la otra dirección.

Esto es un agravio monumental, porque resulta anormal ver como unos españoles ejercen sus derechos a hablar con sus lenguas cooficiales y se les obliga a escuchar todo lo que se dice en el Senado en castellano, cuando lo lógico sería que al senador catalán se le tradujese todo lo que se dice al catalán y al valenciano al valenciano y al vasco al vasco y no esta cosa tan peregrina preñada de parcialidad insultante.

Es cierto que haría falta un mayor número de traductores, pero el dinero no es el problema, el problema es la injusta forma de tratar las lenguas cooficiales, urge el establecimiento de la traducción simultánea multilingüe y multidireccional, del castellano al euskera, gallego, catalán y valenciano, del euskera al castellano, gallego, catalán y valenciano; del gallego al castellano, euskera, catalán y valenciano; del catalán al castellano, euskera, gallego y valenciano;  y del valenciano al castellano, euskera, gallego y catalán.

Eso sería normalidad y no la filfa de normalidad que han implantado en el Senado que lo único que consigue es vejar a las lenguas cooficiales y a sus hablantes por no dejarles ser también oyentes.

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