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Sahumerios y arrebatos

Garzón, el hombre que ve al amanecer el vuelo de los narcos.

Ver volar un narco al amanecer mientras la vida se hace ruido en las calles, mientras el cielo se tiñe de beligerancia entre fotones diurnos y nocturnos, es un espectáculo mágico cargado de un simbolismo casi sobrenatural que por desgracia muy pocos pueden ver en toda su completitud. La observación del vuelo del narco al amanecer está al alcance solo de algunos ornitonarcólogos, ya que solo ellos pueden apreciar y valorar la gracilidad de su aleteo, la fuerza de sustentación y avance que les da el verse fuera de la jaula, cuya puerta les abrió alguien que ve amanecer por las mañanas.

 

Garzón tiene poderes para abrir la puerta de la jaula a los narcos, el poder que le dan sus leves incumplimentos originados por sus leves despistes inducidos por los leves errores provocados por las leves negligencias derivadas de las leves carpetillas, tanta levedad es la que hace que el vuelo del narco al amanecer sea tan particularmente interesante para los estudiosos del fenómeno que han descubierto que, mientras vuela, el narco levanta al aire de la amanecida su mano derecha, en la que enhiesto de orgullo por su libertad, se ve un dedo corazón dirigido al cielo que alborea.

 

Aunque he intentado reflejar la poética inmarcesible que las leves acciones incumplidoras de Garzón aportan a nuestro tedioso deambular por los días, aunque he probado a demostrar la relevante aportación que las leves meteduras de pata de Garzón han significado para la ciencia de la ornitonarcología, sé que ni lo he conseguido ni lo lograré, es algo con unas profundidades abisales tan crípticas, que solo los grandes expertos tal vez puedan un día revelarnos la cosa, de manera que los que andamos por la crisis de gamba en gamba lleguemos a comprender el quid del busilis que encierra el intríngulis del meollo nuclear del vuelo del narco al amanecer.

 

No viene a cuento, pero tal vez sirva para dejar claro que si El Tío Sentao viviera, podría captar, en la sencillez de sus versos, la enjundia del espíritu poético del vuelo del narco al amanecer propiciado por la liviana levedad insignificante de los incumplimentos del juez Garzón. En sus últimos años, El Tío Sentao escribió “El tontolpijo”, dedicado a su compadre el Tío Antón, al que se le escapó un canario y que quiero reproducir aquí para que quede patente la capacidad de El Tío Sentao para aislar lo que de significativo tiene a veces lo intrascendente.

 

El Tontolpijo.

 

La jaula que abrió el Tío Antón

taba toa mu bien cerrá,

quiso darle un cañamón

al canario en libertá.

 

Le abrió un poquiquio la puerta

y el canario se salió,

 una cosa es mu cierta

quel cañamón se comió.

 

Me vino el Tío Antón mohíno,

se me jué el canario, dijo,

le dije que ni con vino

se pue ser tan tontolpijo.

 

(El Tío Sentao, Pipirijates, 1964)

 

Documentación.

 

El Mundo. Huye un narco turco que quedó en libertad por la negligencia de Garzón.

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