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Sahumerios y arrebatos

La privacidad en Internet, un imposible.

Cada día, aparece por ahí algún sesudo artículo de los que acojonan pero no explican los peligros que nuestra privacidad corre en Internet. Con lo fácil que es entenderlo, conectarte a Internet es como comprarte una vivienda en planta baja con un grandioso ventanal que da a la calle y dándose siempre dos curiosas circunstancias, la una que la calle a la que da tu gran ventanal es la más concurrida, pasando por delante de tu ventana miles y miles de viandantes, y la segunda y más chunga circunstancia es que ese ventanal tuyo ni tiene ni puedes ponerle cortinas ni cristales. Si uno sabe eso y no es un panoli, ya no se le ocurre matar al cobrador del frac si va a cobrarte una púa en ese salón tan iluminado, con vistas a la calle y desde la calle, y tampoco se pone a hacer cosas con su churri o churro, salvo que le importen una higa los mirones.

Los hechos son los que son, no los que nos gustaría que fuesen, y todos estamos de acuerdo en que uno debería poder ponerle ventana y cortinas a su salón con vistas al mundo, y que solo pudiesen mirar dentro aquellos que uno autorizase, pero por más que nos pese, en Internet las cosas son como son y seguirán siendo así muchísimo tiempo, y por tanto, sabido eso, la privacidad que uno se deje violar, en último extremo será porque ese uno ni se ha enterado de que su salón no tiene ventana ni cortinas ni de que por la acera junto al vano de su ventana pasan cantidades incontables de posibles mirones.

Esa cosa que es tan simple, ni la saben, ni la tienen asumida la mayoría de quienes andan con su cachirulo enchufado a la Internet. Y lo grave es que incluso si se lo explican, tampoco actúan teniendo en cuenta esa realidad. Cuando a mi me pregunta algún conocido por la cosa esta intento dejárselo claro de la siguiente forma, que cuando enchufa su chisme y se conecta a Internet, algo que hoy en día ya hace el cacharro automáticamente con solo arrancarlo, o dicho de otro modo, cada vez que arranca su ordenador, cualquiera que tenga unos conocimientos no muy apabullantes de la cosa puede estar viendo en su PC tu pantalla, puede tener acceso a tu disco duro, puede incluso teclear en su teclado como si fuese tu teclado y manejar su ratón como si fuese tu ratón. Por tanto la cantidad de cosas que puede hacer son justo las mismitas que el propietario del PC y muchas más porque seguro que sabe más que el propietario.

Hablar de privacidad en este caso, es algo que da risa. Por más que tengas tu ordenador en tu habitación cerrada con dos llaves y cuatro pasadores, absolutamente todo lo que hagas, mires, digas, retransmitas, susurres o teclees puede ser visto, oído y leído por muchas gentes. Otra cosa es que a quienes pueden mirar les importe un comino lo que digas, teclees o hagas, tampoco hay que ponerse histérico, pero ni histérico ni gilipollas, como para escribirle a alguien por el Messenger que fuiste tú el que mató a Kennedy y des las pruebas. Lo único que nos salva es el saber que mis menudencias, intimidades, secretos y privacidades son tan iguales a las de los otros cientos de millones de internautas que los que pueden tener acceso a ellas estarán ya hasta los mismísimos de tanta banalidad vulgar y repetitiva. Eso es lo que nos protege y no los cortafuegos ni encriptadores.

Solo por poner un ejemplo, ahora hay técnicas súper sofisticadas de encriptación, tan buenas tan buenas que te garantizan que nadie puede descifrar lo que escribas, pero nunca te olvides que si un tipo puede estar viendo lo mismito que tú ves en tu pantalla, cuando escribas el mensaje que tú ves bien clarito el que quiera saber lo que dice ese mensaje súper mega maxi híper encriptado no tendrá más que leer tu pantalla en la suya, cosa que como he dicho es lo más fácil de este asunto.

La red es lo que es, pasa lo que pasa, ocurre lo que sucede, irán arreglando cosas pero si algo sé, tras muchos años de currar en este mundillo, es que  para todo cortafuegos que se invente habrá gente que se las ingenie para atravesarlo y una vez sabido por uno como se atraviesa, en cuestión de segundos lo sabrán cientos de miles. En resumen, la Internet es para exhibicionistas desinhibidos, a los demás les tocará sufrir y sentirse observados.

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