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Sahumerios y arrebatos

Queja al diligente CGPJ sobre las quejas.

Esta cosa podría titularse más apropiadamente como “Historia de una chorrada”, en ella el chorra soy yo aunque igual no soy tan chorra porque me he ganado un café con ella y de paso he demostrado fehacientemente que el Consejo General del Poder Judicial es un órgano super diligente, al menos cuando se le eleva una queja sobre los nombres de sus órganos receptores. Procedo a narrar la chorrada.

 

Hará cosa de un mes acompañé a una persona que tenía que hacer un par de gestiones en los juzgados de Jerez. Dedicí esperarla en la zona de fumadores de dichos juzgados ubicada en la puerta de la calle por la parte de fuera. A ratos pasaba, tras saludar al número de la Guardia Civil de la puerta, al gran vestíbulo en el que había un banco de los que en mi pueblo llaman culeros, donde me asentaba y entretenía mis ocios leyendo los carteles colgados por aquellas paredes. A veces incluso me levantaba y leía detenidamente autos y edictos allí expuestos. Me fijé en una especie de mueble pintado en colores llamativos y de diseño, con una repisa, la boca de un buzón y algunos formularios colocados en un expositor de metacrilato, todo muy mono. Cojo un formulario y me entero que es un papel puesto allí para que los ciudadanos que tengan quejas sobre el funcionamiento de la justicia de aquellos juzgados la escriban en él y la eleven al Consejo General del Poder judicial.

 

Así, de sopetón, se me ocurrió que estaría bien alegrar a los funcionarios del CGPJ encargados de tramitar las quejas elevadas a tan alto órgano, pero daba la casualidad de que no tenía nada de lo que quejarme. No obstante me lei detenidamente el formulario y observé que en uno de sus apartados solicitaba que se indicase el nombre del órgano receptor de la queja. Miré aquel buzón de diseño, que entendí era el órgano receptor de las quejas que receptaba, para averiguar como se llamaba y no constaba tal nombre por ningún lugar. Se me encendió la bombilla de las chorradas y me dije que ya tenía un motivo de queja para elevar una queja por medio de aquel órgano receptor. Así que ni corto ni perezoso me puse a cumplimentar el formulario de queja.

 

Tras indicar mis datos personales y el número de mi móvil, escribí en el recuadro donde se debía explicar el motivo de la queja:

 

El motivo de mi queja es quejarme ante el CGPJ de que en este formulario de quejas se me pide que indique el Nombre del órgano receptor y que tras mucho buscar en el buzón que tengo ante mí, por delante y por detrás, por arriba y por de lado veo que no figura el nombre que le han dado a este órgano receptor, motivo por el que elevo esta queja ante ustedes sin cumplimentar el apartado referente al nombre del órgano receptor

 

Firmé, me guardé una copia de aquello para mí y la otra la elevé al CGPJ echándola al buzón anónimo. Cuando salíamos de los juzgados enseñé la copia de mi queja a la persona que acompañaba y me miró con cara de verme cara de iluso, me dijo que me olvidase de aquella queja que no tendría respuesta. Me aposté un café a que sería atendida y que me llamarían del CGPJ, se pactó la apuesta y la queja pasó al olvido.

 

Ayer tarde me llamó una funcionaria del CGPJ en relación con aquella queja chorra. Me dijo que efectivamente el órgano receptor no tenía expuesto su nombre de órgano receptor  y que lo solucionarían. Le di las gracias y le dije que después de todo no era más que una chorrada por mi parte aunque, dado que me aposté un café a favor de la diligencia del CGPJ me había servido para ganarlo. La funcionaria me dijo:

 

- Reclame usted su café que se lo ha ganado, su queja tiene fundamento y ha sido atendida.

 

Y luego dicen que la justicia es lenta. Bueno, perdón, esta parte de la cosa judicial y con la que está cayendo.

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